El cantautor uruguayo Jaime Roos, dice en “Brindis por Pierrot”:
“Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar. Y como si fuera poco, de golero… Toda la vida tapando agujeros. Y si en una de esas salís bueno… se tiran al suelo y te cobran… ¡y te cobran… penal!”
Mi nombre es Néstor Dipaola y me “largaron a la cancha” en un poblado del interior de la Argentina, llamado Tandil. Es una bella ciudad de casi dos siglos de existencia, rodeada de antiquísimas y pintorescas serranías.
A mí tampoco me preguntaron si quería entrar, pero les agradezco a mis viejos que me hayan dado la oportunidad.
No sé si habré salido bueno, pero he tenido que atajar algunos penales injustos, mal cobrados, porque como también dice Jaime, “el juez tira para ellos”… Sobre todo -claro- aquí en el sur, bien abajo, cerca de las raíces…
Pero no puedo quejarme. No creo que esté ganando por goleada, pero considero estar en condiciones de defender la pequeña “diferencia a favor” que a esta altura creo tener. Reconozco que a veces he jugado al empate. Sé que eso no está bien, aunque a lo mejor en algunas ocasiones es necesario, sobre todo si estamos jugando en terreno ajeno...
Desde niño, la vida me llevó por los caminos de la escritura y el periodismo. A los 8 ó 9 años ya escribía relatos de las cosas que me impactaban. Un eclipse total de sol, por ejemplo.
Cuando recién había cumplido 14, “fundé” una revistita deportiva que escribía a máquina, para mí solo… La bauticé “Sport Tandil” y salía “a la calle” todos los lunes, con la información, estadísticas y hasta editoriales referidos a la actividad deportiva de mi ciudad durante el fin de semana.
Tres años después, y cuando todavía estaba en la escuela secundaria, empecé a trabajar en la redacción de “El Eco de Tandil”, el diario más antiguo de la provincia de Buenos Aires.
Y de tanto indagar y escribir sobre la actualidad lugareña, me parece lógico que haya sentido una particular curiosidad por conocer lo que había ocurrido en mi terruño en otros tiempos.
Entonces, la vida me llevó por los caminos de la historia. Y aquí estoy. Con varios libros publicados, sobre historia general de mi ciudad (“La ciudad de las sierras”) y también sobre cuestiones culturales (“Último tango en el sur”). Entre otros.
Para hacer todo esto, de la vieja Remington de 130 espacios pasé a la compu portátil. “Note book”, que le dicen. La primera la compré en 1993 y casi seguro que fue la primera en Tandil. Aunque eso no tiene importancia. Pero las disfruto mucho y “las gasto en el baile”. Y toman conmigo unos cuantos centenares de litros de café porque prefiero trabajar en los bares. Largas horas. Si es de noche, una copa de vino tinto no vendrá nada mal. Para mejorar esa inspiración que a veces suele amigarse con la alegría.
Creo haberme presentado. Pero puedo agregar que tengo tres hijos maravillosos, que trabajo también en la Secretaría de Cultura de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (sede Tandil), y que musicalmente me identifico con Gardel, Los Beatles, Zitarrosa y casi toda la música uruguaya, murgas incluidas…
¡Salute!
lunes, 22 de junio de 2009
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