Los episodios ocurren en la década de 1860 (no hay precisión acerca de la fecha) y las denuncias se realizaron en la parroquia, e intervinieron, obviamente, miembros de la Iglesia para intentar una “mediación”. Veamos el informe referido al primer caso:
"Señor Juez de Paz: la mujer de Santiago R. se presentó en esta Vicaría pidiendo separarse de su marido porque la amenaza y no quiere volver, parando en casa de Juan D. El día siguiente se presenta R. con dos testigos, sus peones, reclamando a su mujer y para que los peones dijeran que él tenía razón. Pero oídos los testigos por separado, dijeron que era un hombre muy malo. Es la tercera vez que he compuesto este matrimonio y antes de venir a la separación, o mejor, para que no suceda, ordené a los dos presentarse en esta Vicaría cada quince días para ver de ponerles un miedo".
Finaliza pidiendo el concurso de la fuerza pública para que se cumplan "sus órdenes".
En el otro caso intervino un ayudante del cura párroco del pueblo, por entonces el sacerdote José María Rodríguez. Se trataba de Giusfredo Pardini, italiano de origen, que documentó lo siguiente, en un vocabulario mezcla de español y cocoliche:
"El encargado de la Vicaría, Giusfredo Pardini. Al Señor Juez: Da. Espirito B. (aquí el nombre), mujer de Felipe S., otra vez se fue de su marido con un hombre llamado Salustiano C., que vive en la costa del arroyo Tandileofú. Después de tres o cuatro días de trabaco perdido con este matrimonio, el domingo último los junté. Ahora de nuevo quieran ponermi en trabaco en cosa que no se puede hacer más, habiendo hecho demasiado. Ruego, entonces, a Ud. porque tome las medidas de forza necesarias para acabar este barullo de escándalo."
jueves, 16 de julio de 2009
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